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Un hogar sólido: un análisis

Un hogar sólido es una obra publicada en 1958, aunque representada un año antes. Es una de las primeras obras dramáticas de Elena Garro, y supone un antes y un después en su producción literaria en especial, por el gran éxito que cosechó en su estreno. 


En ella asistimos a la peculiar historia de una serie de difuntos, todos miembros de la misma familia, pertenecientes a distintas de sus generaciones. Todo gira en torno a la llegada de un nuevo pariente fallecido, Lilia, a la cripta familiar en la que se encuentran todos esperando al Juicio Final. Personajes de edades distintas, de épocas dispares, muchos de ellos no se conocen entre sí, conviven en ese no-espacio y no-tiempo, ilusionados por conocer a esa nueva compañera que les traerá noticias del mundo de los vivos.

La obra está compuesta en un solo acto en el que intervienen ocho personajes: Clemente (60 años), Doña Gertrudis (40 años), Mamá Jesusita (80 años), Catalina (5 años), Vicente Mejía (23 años), Muni (28 años), Eva extranjera (20 años) y Lidia (32 años). El espacio en el que se desarrolla la acción dramática es esa cripta en la que los muertos de la familia esperan una vez han fallecido. El tiempo es un elemento complejo, casi un personaje más, pues se trata de un tiempo acronológico, se habla de que el tiempo se rompe, se disloca (Luna, 2017). Nos enfrentamos a una obra extremadamente singular: el tiempo y el espacio son también parte fundamental de la acción, y llegan al receptor a través de los propios personajes: la pariente más anciana es Catalina, que tiene cinco años, por ejemplo, y, por lo tanto, la jerarquía familiar se desborda, es necesario crear un nuevo sistema (Luna, 2017). La muerte determinó en cada uno de los personajes su estado: al morir, quedaron anclados en lo que eran, siendo lo que son y sin posibilidad de cambiar en el futuro. Esta peculiaridad es la que provoca esa sensación de “extrañamiento” (Luna, 2017), que se hace palpable a través del absurdo y la ironía.

Por supuesto, el espacio también cumple un papel fundamental: la cripta es un lugar cerrado, pequeño, sin puertas ni ventanas. Se trata de un territorio limitado, que obliga a los personajes a estar muy juntos, a acercarse físicamente. Josie Borth asevera que este acercamiento transmite la máxima de “una familia mexicana que siempre permanece unida” (Bortz, 2004: 709), incluso después de la muerte.

MAMÁ JESUSITA: ¡Catita! Ven acá y púleme la frente; quiero que brille como la estrella polar dichoso el tiempo en que yo corría por la casa como una centella, barriendo, sacudiendo el polvo que caía sobre el piano, en engañoso torrente de oro, para luego, cuando ya cada cosa relucía como un cometa, romper el hielo de mis cubetas dejadas al sereno, y bañarme con el agua cuajada de estrellas de invierno. ¿Te acuerdas, Gertrudis? ¡Eso era vivir! Rodeada de mis niños tiesos y limpios como pizarrines. 

Por otro lado, es interesantísimo el lirismo del que está cargado el texto, y cómo los personajes son alegóricos en sí  (Luna, 2017), tanto por sus nombres propios como por los diálogos que mantienen con otros personajes. La palabra es el vehículo a través del cual podemos entrar en las vidas pasadas de esos muertos que nos hablan: sus voces nos cuentan sobre sus caracteres, sus cuitas, sus deseos; para finalmente revelarnos que nada de esto muta cuando traspasamos el umbral de la muerte  (Luna, 2017).

Bibliografía citada

       Bortz, J. (2007). La indumentaria del tiempo y el espacio en «Un hogar sólido» de Elena Garro. En Eds. Mariscal Hay, B. y Miaja de la Peña, M. T. Las dos orillas: actas del XV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, 4, 709-715.

L    Luna, E. (2017, December 5). Un hogar sólido. Enciclopedia de La Literatura En México. Recuperado de: http://www.elem.mx/obra/datos/93707 



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